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Política
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Cáscara vacía - Un asesor del Gobierno admitió que la reforma laboral de Milei no generará empleo sin crecimiento económico

El abogado que asesoró al oficialismo desmanteló con una frase el principal argumento de la iniciativa. Reconoció que, sin una expansión de la actividad, la ley se reduce a una mera formalidad sin impacto real en el mercado de trabajo. La confesión expone la brecha entre el relato gubernamental y una realidad que sigue castigando a los trabajadores.

Por Negocios y Política
Cáscara vacía - Un asesor del Gobierno admitió que la reforma laboral de Milei no generará empleo sin crecimiento económico

Buenos Aires, 12 de diciembre de 2025. Una declaración incómoda, surgida desde el propio núcleo asesor del Gobierno, dejó al descubierto el esqueleto de la reforma laboral impulsada por Javier Milei. El abogado que participó en los lineamientos del proyecto admitió, sin rodeos, que la norma no creará puestos de trabajo. Su diagnóstico fue contundente: sin crecimiento económico, la iniciativa es apenas una "cáscara vacía". La frase, breve y demoledora, perfora el discurso oficial que presentaba la modificación como una herramienta clave para dinamizar el empleo.

La contradicción no es menor. Mientras el presidente argentino y su equipo prometían que la flexibilización laboral sería el motor para generar ocupación, un consultor cercano desarma esa premisa desde adentro. El reconocimiento tácito de que la ley por sí sola es insuficiente pone en evidencia una lógica de ajuste que prioriza cambios formales sobre resultados concretos. El mercado laboral, lejos de reactivarse, sigue mostrando signos de fragilidad, con sectores enteros a la espera de señales claras de recuperación.

El análisis político revela un cálculo riesgoso. El Gobierno apuesta a una reforma simbólica, presentada como un triunfo ideológico, mientras posterga o minimiza las condiciones económicas necesarias para que funcione. La confesión del asesor actúa como un boomerang: en lugar de fortalecer la propuesta, la vacía de contenido. Queda flotando una pregunta incómoda: ¿de qué sirve modificar normas si no hay un plan serio para estimular la producción y el consumo? La respuesta, por ahora, parece estar en ese silencio elocuente que sigue a las promesas incumplidas.

La escena política se tensa. La oposición, con el espacio peronista y nacional a la cabeza, encuentra en esta admisión un argumento potente para cuestionar la coherencia del oficialismo. Lejos de ser una mera discusión técnica, el episodio refleja una desconexión entre el relato libertario y las necesidades urgentes de los trabajadores. Mientras el Gobierno insiste en un camino de ajuste, las consecuencias sociales se acumulan. La "cáscara vacía" no es solo una metáfora legal; es el símbolo de una gestión que promete fuegos artificiales mientras la economía permanece en penumbras.