Consejo de bolsillo - El gurú económico de Milei dice a los despedidos que busquen donde se gane más plata
Salvador Di Stefano, economista cercano al Presidente, minimizó los despidos con una teoría que choca con la realidad del mercado laboral argentino. Sus declaraciones exponen la distancia abismal entre el discurso oficial y el drama cotidiano de miles de trabajadores que pierden su sustento.
Buenos Aires, 10 de marzo de 2026 - Salvador Di Stefano, el economista e influencer que orbita cerca del Presidente Javier Milei, lanzó una perla de sabiduría para los tiempos que corren: ante los despidos masivos, su recomendación es simple: "hay que estar donde se gane más plata". Añadió, con una liviandad que desconcierta, que "no te puede asegurar nadie que vas a seguir laburando toda tu vida en Colegiales". La frase, dicha desde la comodidad de su rol mediático, pretende convertir la inestabilidad laboral en una elección personal.
La contradicción salta a la vista mientras las cifras oficiales muestran un panorama desolador. Di Stefano opera bajo la lógica de que los trabajadores pueden moverse libremente hacia empleos mejor remunerados, como si el mercado ofreciera alternativas ilimitadas. Su teoría ignora que la mayoría de los despidos ocurren en sectores enteros que se contraen, no en barrios específicos. La movilidad laboral que imagina choca contra una realidad de puestos que desaparecen y salarios que se deprecian.
Detrás del consejo superficial late un cálculo político peligroso: naturalizar el ajuste como algo inevitable, casi deseable. El gobierno de Milei encuentra en estas declaraciones un eco que busca desplazar la responsabilidad del Estado hacia los individuos. Mientras los referentes del espacio nacional y popular históricamente defendieron la estabilidad laboral como derecho, esta nueva doctrina presenta la precariedad como oportunidad. El contraste no podría ser más brutal.
Lo que Di Stefano omite es el impacto humano concreto: familias que dependen de un ingreso fijo, trabajadores con décadas en una empresa, jóvenes que ven evaporarse sus primeras oportunidades. Su simplificación convierte el drama social en un problema de gestión personal. La resistencia a este relato crece día a día, recordando que las conquistas laborales no fueron casualidad sino lucha organizada. El ajuste tiene cómplices discursivos, y sus consejos huecos no pagan las cuentas.