Petróleo y silencio - Empresas británicas e israelíes anuncian extracción en Malvinas para 2028 mientras el gobierno nacional guarda mutismo
La decisión final de inversión de Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, que destinarán 3.900 millones de dólares al yacimiento Sea Lion, desata una reacción furiosa en Tierra del Fuego. Mientras el gobierno provincial exige medidas diplomáticas urgentes, la Cancillería argentina no emite comunicado oficial, exponiendo las grietas de una política exterior errática.
Buenos Aires, 11 de diciembre de 2025. Un anuncio desde Londres y Tel Aviv sacude la frágil diplomacia argentina: las empresas Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration confirmaron la decisión final de inversión para extraer petróleo en Malvinas a partir de 2028. El proyecto, que requiere 1.800 millones de dólares iniciales y otros 2.100 millones para completarse, recibió luz verde del ilegítimo gobierno británico en las islas, que otorgó licencias de explotación por 35 años. La producción estimada alcanzaría los 55.000 barriles diarios, un botín que Argentina reclama como propio desde hace décadas.
Desde Tierra del Fuego, la respuesta fue inmediata y contundente. El secretario de Malvinas, Andrés Dachary, calificó el hecho como una maniobra de gravedad inusitada, comparable solo con la Misión Shackleton de 1976, y exigió al canciller Pablo Quirno adoptar todas las medidas diplomáticas y jurídicas necesarias. El gobernador Gustavo Melella respaldó la posición, subrayando que la acción afectaría irreversiblemente los derechos soberanos del pueblo argentino. Sin embargo, desde el gobierno nacional, el silencio oficial es ensordecedor.
La ausencia de reacción expone las contradicciones de una política exterior que busca acercamiento comercial con el Reino Unido mientras este avanza con hechos consumados. Para colmo, el mismo gobierno que meses atrás advirtió a la empresa israelí Navitas -aliada clave del presidente Javier Milei- hoy no dice nada. El retraso en la acreditación del embajador argentino en Londres, Luis María Kreckler, suma otro capítulo de descoordinación, sin que nadie explique si es un castillo británico o una jugada interna.
Mientras Londres negocia el levantamiento del embargo de armas con Buenos Aires, su gobierno colonial en Malvinas actúa con una política de Estado clara y persistente. Argentina, en cambio, cambia el enfoque según la administración de turno, dejando al descubierto una estrategia errática que prioriza lazos comerciales sobre la defensa de la soberanía. El contraste no podría ser más brutal: un territorio ocupado avanza con planes concretos, y la Casa Rosada responde con mutismo.