Rey sin corona - Caputo maneja la economía sin consultar a Karina, pero la deuda de enero y el consumo en picada lo acorralan
El ministro de Economía es el único funcionario que no necesita autorización de la secretaria general para tomar decisiones, pero enfrenta un panorama desolador: empresas que cierran a razón de una por hora, 400 empleos registrados perdidos diariamente y una caída del 9% en el consumo. Mientras tanto, Karina Milei presiona a una Patricia Bullrich aterrada para que impulse la reforma laboral antes de fin de año, encontrando resistencia en su propio bloque.
Buenos Aires, 16 de diciembre de 2025. En el corazón del gobierno libertario, Toto Caputo ostenta un poder único: es el único ministro que puede decir sí o no a un gobernador sin pasar por el filtro de Karina Milei. Esta autonomía, sin embargo, se diluye frente a una realidad económica que se desmorona. La falta de fondos para las provincias es apenas un síntoma: a Santilli le asignaron apenas 68 mil millones de pesos para repartir, con Tucumán recibiendo 20.000 millones, una cifra que en el contexto inflacionario actual resulta irrisoria. Caputo, según revela el análisis de Ignacio Fidanza en GPS, anda "llorando" por los reclamos de plata, mientras el superávit se agota.
El verdadero abismo se abre en enero, con el vencimiento de una deuda que el gobierno no sabe cómo pagar. El intento de regreso a los mercados internacionales fue un fiasco: esperaban recaudar al menos 1.500 millones de dólares y apenas juntaron 900. La esperanza ahora está puesta en un rescate del Tesoro de Estados Unidos, una apuesta riesgosa que expone la fragilidad del plan económico. Mientras las autoridades prometen que "no lo van a dejar caer", los números hablan por sí solos: el consumo se desplomó un 9%, una empresa cierra sus puertas cada hora y se pierden 400 puestos de trabajo registrados por día.
En medio de este caos, Karina Milei intenta imponer su agenda. Le encargó a Patricia Bullrich, descrita como alguien que "le tiene pánico", la misión de lograr que el dictamen de la reforma laboral salga antes de que termine el año. La orden choca contra la resistencia de los senadores libertarios, que prefieren posponer la discusión para enero para no mezclarla con el presupuesto y "complicar todo". La presión de la secretaria general sobre la ministra de Seguridad y ahora jefa de bloque revela una interna donde los tiempos políticos se imponen sobre la urgencia social.
La paradoja es total. Caputo tiene el poder formal para decidir sin consultar, pero su margen de acción se reduce día a día entre la deuda impagable, el consumo en caída libre y las provincias ahogadas. Karina, desde su lugar de influencia, empuja una reforma que ni siquiera su propio bloque quiere tratar con premura. El gobierno navega entre autonomías ficticias y presiones reales, mientras la economía muestra grietas que ningún poder personal puede tapar.