Vidrios rotos, mensaje claro - La CGT denuncia un ataque intimidatorio contra su sede sindical en vísperas de la movilización contra la reforma laboral
Un grupo aún no identificado irrumpió por la fuerza en la sede del Sindicato de Empleados del Vidrio, causando daños materiales significativos y destruyendo documentación. La central obrera interpreta el hecho como un intento de amedrentamiento ante la protesta del jueves, rechazando catalogarlo como un simple delito policial y exigiendo la detención de responsables materiales e intelectuales.
Buenos Aires, 15 de diciembre de 2025. La mañana del lunes amaneció con la sede del Sindicato de Empleados del Vidrio (SEIVARA) convertida en un escenario de violencia y destrucción. Un grupo de personas forzó el ingreso al local, vandalizó instalaciones, muebles y documentación relevante, dejando pérdidas considerables para el gremio y sus afiliados. Aunque no hubo heridos, el acto resonó como un golpe seco en el corazón del movimiento obrero organizado, en plena efervescencia por el debate de la reforma laboral.
La Confederación General del Trabajo no tardó en reaccionar. En un comunicado oficial, la central calificó el episodio de "intento de amedrentamiento hacia todo el movimiento obrero", descartando la versión de un delito común y vinculándolo directamente con la movilización convocada para el jueves 18 de diciembre. La elección de la sede no fue casual: el secretario general del gremio, Cristian Jerónimo, ocupa un lugar en la conducción nacional de la CGT, transformando el ataque en un mensaje dirigido a la cúpula sindical. La organización exigió un esclarecimiento inmediato, advirtiendo que cualquier señal de impunidad podría profundizar el clima de confrontación.
Lejos de retroceder, la CGT ratificó la movilización como respuesta contundente. "No nos van a amedrentar", afirmó la central, prometiendo mantener las acciones "hasta las últimas consecuencias" en defensa de los derechos laborales. El ataque, lejos de debilitar al sindicalismo, parece haber fortalecido la unidad interna y la determinación de enfrentar lo que consideran "viejas prácticas" que creían superadas en la democracia argentina. Con las autoridades sin brindar avances concretos en la investigación, el episodio suma un capítulo más a la escalada de tensiones entre el Gobierno y las organizaciones gremiales, en un contexto donde la protesta social se convierte en campo de batalla.